Reseña histórica

© Juan José Gilsanz Otero

Medio físico

Navalmanzano está situado a 37 Kms. de la capital, Segovia, y a 22 Kms. de Cuéllar, cabeza del partido judicial al que pertenece. Su superficie aproximada es de 32’83 Km2.

El caserío se encuentra en una pequeña hondonada del terreno, en una nava, de donde hereda el comienzo de su nombre. Su altitud sobre el nivel del mar es de 837 metros. El terreno es prácticamente llano (su diferencia de altitud máxima está próxima a los 32 ms., entre el Prado Bajo y el cerro de “Los Canalizos”), con una ligerísima inclinación hacia el oeste, dirección que siguen los cursos de agua:

  • El arroyo-río Malucas lleva sus aguas al Pirón. Hoy es un pálido reflejo de lo que fue. Sus riberas están llenas de recuerdos de pueblos que enriquecieron nuestra historia y de una flora y una fauna de lo que debió ser un vergel.
  • El arroyo Polendos es tributario del Malucas. La mitad de su cauce está entubado a su paso por el pueblo.
  • Multitud de regueradas, bodones, fuentes y lagunas, ya prácticamente secas, completarían el panorama higrográfico.

Teniendo en cuenta los datos anteriores y la climatología mediterránea continentalizada o de interior que le caracteriza, Navalmanzano ha sido y es un pueblo que se ha dedicado a la agricultura, la ganadería y a la explotación del pinar.

Actualmente, los cultivos cerealistas de secano pierden pujanza ante la rentabilidad de los productos de huerta: patatas, zanahorias, puerros,… y, particularmente, planta de fresón. El ganado lanar, más importante en otro tiempo, ha dejado su primacía a los modernos cebaderos de chotos, pollos, conejos y, sobre todo, cerdos. La decadencia de la industria resinera ha hecho que el pinar sea explotado hoy, únicamente, como fuente de recursos madereros.

Reseña Histórica

El arroyo Malucas puede ser considerado el hilo conductor de nuestra historia más antigua. En sus márgenes se han asentado pueblos que cazaron en nuestros bosques o pescaron en sus aguas. Sin descartar que haya restos Paleolíticos o Neolíticos por descubrir, es segura la presencia de hombres prehistóricos que ya conocían los metales. Han aparecido testimonios de la Cultura del Vaso Campaniforme y de pueblos del Bronce Final (Cogotas I), que seguirían su curso buscando pastos para sus ganados o tierras fértiles para sus breves ocupaciones.

A falta de excavaciones sistemáticas, el salto histórico hay que darlo hasta el mundo romano. Hay restos de cerámicas sigillatas cuya decoración nos situaría en la segunda mitad del siglo IV.

Si hubo reocupación visigoda de esas construcciones bajo imperiales romanas lo dirá un día el estudio de los yacimientos. De momento, los hallazgos de Aguilafuente y de Fresneda de Cuéllar, ambos junto a nuestro arroyo-río, nos hace pensar en sentido positivo.

La invasión musulmana fue un paréntesis habitacional en las riberas del Malucas. Sin embargo, su propio nombre parece derivar de una voz arábiga, Maluk, traducido como “río de las fincas o propiedades”. Sería lo que los agarenos encontraron en nuestras tierras: explotaciones de grandes propietarios del declive del mundo romano y visigodo.

La reconquista y repoblación cristiana al sur del Duero, y más concretamente en la zona de Cuéllar, tuvo lugar tras la batalla de Simancas (año 939). Dadas las pocas defensas naturales que ofrece nuestro territorio y la debilidad fronteriza de ese momento, es poco probable que Asur Fernández asentara cristianos en el lugar que ahora ocupa Navalmanzano. Es más, Almanzor asolaría estas tierras en el 977.

Habrá que esperar más de 100 años para que nuestra comarca sea repoblada con ciertas garantías. Tras la reconquista de Toledo por Alfonso VI (1085) se aleja el peligro infiel y los cristianos del Norte bajarán hasta el Sistema Central atraídos por las amplias concesiones reales en forma de “cartas-puebla”. Cuéllar y su comarca serán repobladas entre el 1072 y el 1109 por obra del ayo del rey, Pedro Ansúrez. Desde la Villa, de manera típicamente concejil, se fueron organizando asentamientos humanos y haciendo surgir aldeas en su alfoz. Cuando le toca el turno a Navalmanzano, se elige el lugar que ahora ocupa el caserío, una vega fértil y más próxima al arroyo Polendos. Quizás aprovecharan alguna vieja construcción bajoimperial como núcleo aglutinador.

El primer testimonio documental de la existencia del pueblo medieval es de mediados del siglo XII. Por él sabemos que Alfonso VII “El Emperador”, agradecido por la colaboración repobladora, entrega al obispo y a la Iglesia de Segovia una serna entre “…Fontem Pelavi et Nava de Maçanu, et vocatur Nava Salsa”. Empezarán a llegar repobladores del Norte en busca de unas tierras que se les entregan de forma muy ventajosa y cada vez más seguras. Sobre sus lugares de origen, por los apellidos de los primeros testimonios escritos, por la hagiografía y la toponimia, me inclino a pensar que serían riojanos, palentinos, cántabros y navarros.

Comunidad de Villa y Tierra Antigua de Cuellar

Comunidad de Villa y Tierra Antigua

El concejo cuellarano y los de las aldeas que surgieron tenían una “Comunidad” territorial y de intereses. Pronto se planteará la necesidad de organizar la defensa y explotación de las tierras conquistadas y regular la vida comunal. Por ello, se creará la “Comunidad de Villa y Tierra de Cuéllar” (es muy interesante leer sus Ordenanzas para conocer la vida cotidiana de aquellas gentes). Dividida en seis sexmos, Navalmanzano será cabeza del de su nombre, en el que se integran, además, otras aldeas, muchas desaparecidas: Campo de Cuéllar, Gómez Serracín, Los Áñez, San Martín de Gramales, Muño Adrián (Mudrián), Sancho Nuño, Zarzuela del Pinar, La Irvienza, Vellosillo, Navas dolo (Navas de Oro de Cuéllar), Frades, Gallegos, Garci Sancho, Gómez Cubieco, Alvarado, Chatún, Pinarejos, Tirados y Pelegudos.

En esta fase de creación y defensa de núcleos habitados tendrán mucho peso específico los caballeros villanos, una seudonobleza que acumulará tierras, cargos públicos y prebendas. Muchos “hijosdalgo” y pocos pecheros, porque Navalmanzano es zona “de raya”, de frontera, entre la Tierra de Cuéllar, la de Segovia (apeos con Carbonero el Mayor) y las del Obispado (frecuentes apeos con Fuentepelayo). Serán también quienes participen, junto con las milicias cuellaranas, en la toma de Jaén (1246), hecho reflejado en la toponimia de Sierra Morena. Podríamos incluir en este grupo social, para el caso de Navalmanzano, a los Bastida, Carrión, Fuentetaja, Acebes y, quizás, a los Mesa, Sánchez Mercader, Velasco, Arranz,…

De finales del siglo XIII o principios del XIV son dos de nuestras joyas artísticas: la imagen gótica de la Virgen sedente como Trono de su Hijo y la ermita mudéjar de Santa Juliana. Los frailes que la custodiaban, asegura la leyenda sin recoger más posibles datos históricos, “anochecieron y no amanecieron”, desapareciendo una noche y abandonando sus tierras, viñas y ermita.

El Regimiento o Ayuntamiento gobernaba la Comunidad de Villa y Tierra. En él estaban representadas tanto la Villa como las aldeas de la Tierra, aunque éstas en inferioridad de condiciones: el alcalde era la máxima autoridad del concejo y, además, impartía justicia en audiencia pública. Junto a él, había 10 regidores y 8 procuradores. De los primeros, 8 eran del estado noble y los otros 2 del estado llano, uno por la Villa y otro por la Tierra. De los 8 procuradores, 3 representaban a la villa y 5 a los correspondientes sexmos de la Tierra (sexmeros).

Desde el siglo XV (24/XII/1464), y en virtud de una concesión de Enrique IV a D. Beltrán de la Cueva, se coartan las libertades municipales para quedar vinculados, como toda la Tierra de Cuéllar, a la Casa de Alburquerque. Pasamos a ser un lugar de señorío, con lo que esto implica de subordinación política y fiscal: nombramiento de corregidor, de justicias de las aldeas, juez de apelaciones,…; dictan Autos de Buen Gobierno, aprueban las Ordenanzas, presentan los curas de la Vicaría de Cuéllar,…; y cobran las alcabalas, las tercias reales, la martiniega, la cebada, paja y gallinas,…

El concejo de Navalmanzano era, como los demás de la Comunidad, público y abierto, convocado a son de campana tañida. A finales de diciembre, todos los años, eran elegidos:

  • dos alcaldes (uno por los fijosdalgo y otro por el estado llano), que administraban los bienes del concejo, gobernaban a los vecinos y ejecutaban las órdenes del rey y del corregidor de la Villa.
  • dos regidores (uno por cada estamento), que ayudaban a los alcaldes y los sustituían en algunas de sus funciones.
  • un Procurador Síndico del Común, que representaba al pueblo ante los tribunales y ante el rey.
  • el procurador sexmero.

Además de estos cargos de “responsabilidad política”, había otros, que incluiríamos hoy en lo que llamaríamos servicios municipales: dos fieles, dos tasadores, un diputado de la alhóndiga, un mayordomo de la alhóndiga, un mayordomo de concejo, dos apreciadores y dos jurados del peso.

A lo largo del año se iban subastando las posturas, una especie de “oficios-monopolio” municipales por los que había que pujar para desempeñarlos. En el siglo XVIII hubo fiel de fechos, mozo de concejo y guarda de cerdos, el que lleva los pobres a sus lugares, medidor del vino, abacero, maestro de niños y pesador de harinas, administrador, tabernero, celador del plantío, transportista del vino, carnicero, boyero, herrero, guarda de garbanzales, de viñas, de panes, de prados, de pinares y cirujano.

Su situación privilegiada, en un cruce de importantes caminos, hizo que, en nuestra Edad Media, pasaran por Navalmanzano reyes y personajes destacados de aquella época histórica. Está documentado que Juan II y su séquito pernoctaron en nuestro pueblo una noche de tormenta de un 15 de mayo de 1434.

Un siglo después (1531) ya contamos con datos demográficos: 48 vecinos pecheros. Para 1591 serán 76 pecheros, 27 hidalgos y 1 clérigo.

Las dificultades económicas de algunos de estos vecinos y nuestra situación fronteriza en la Tierra de Cuéllar, les empujaba a ganar un dinero extra e ilegal vendiendo maderas que sacaban de noche y sin permiso. Las tierras que hoy conocemos como Matute podrían contarnos alguna de estas historias, que trataron de evitar las Ordenanzas de 1546. Son momentos también de la aventura americana. Sin pruebas documentales que lo certifiquen, en Navalmanzano nacería el infortunado conquistador Pánfilo de Narváez.

Recién colocada la Cruz del Cristo (1594), en nuestro precioso Camino del Calvario, llega la peste (1598). La intercesión de San Roque debió ser milagrosa en Navalmanzano, donde se tiene constancia de que sólo un matrimonio murió por esta enfermedad y se les enterró juntos en el atrio de Santa Juliana. Por eso, entre esta fecha y 1620 se levanta la sencilla ermita de San Roque, por parte del concejo y del agradecido vecindario.

El siglo XVII, en sus años finales, fue tan aciago que el pueblo estuvo a punto de desaparecer, como les ocurrió a otros de la zona. Malas cosechas concatenadas, impuestos excesivos, mortandad elevada, emigración… No obstante, en 1683, se acuerdan las condiciones para realizar el retablo barroco de la iglesia parroquial, hoy ubicado en la ermita de Santa Juliana.

El siglo XVIII es de recuperación económica y demográfica: el catastro del marqués de la Ensenada certifica lo primero y el censo de Floridablanca de 1786, con una cifra de 847 habitantes, ratifica lo segundo. El afán administrador de los ilustrados permite conocer muchos datos del pueblo para esta centuria.

A nivel artístico, pertenecen a este momento la torre herreriana del templo parroquial (1710), el caballo-veleta (1788), los retablos del altar mayor y los dos colaterales (1765), el pórtico (1792), el Puentecanto (1792), buen número de cruces del Calvario,…

El siglo XIX comienza repleto de calamidades: malas condiciones climáticas e inundaciones de los arroyos que arruinaron las cosechas, escasez de alimentos, enfermedades y guerra de Independencia. Todas juntas, hacen comprensible el descenso demográfico que llevaron aparejado.

Como en casi toda España, la invasión francesa fue una pesadilla para los navalmanzanenses. Desde su llegada a tierras de Segovia, las tropas napoleónicas incomodaron a los campesinos pidiendo trigo y carne para alimentar las tropas y carros y reses para el transporte de sus pertrechos militares. La forma de conseguirlo era la extorsión: en nuestro caso se hizo un sorteo entre los vecinos más pudientes para elegir a dos rehenes, que irían presos a Santa María de Nieva, como garantía del pago de los tributos que imponían a Navalmanzano. La amenaza de matar a esos vecinos y la de saquear el pueblo, y llevarse los bueyes para raciones, ya la habían cumplido en otros lugares. Por eso, el pánico se deja traslucir en las actas del Libro de Sesiones del Ayuntamiento. Como esos tributos y los que nos exigían desde Intendencia de Segovia, eran elevados, el Concejo resolvía la apurada situación siempre de la misma manera: vendiendo tierras y prados de los bienes de propios. Se enajenaron unas 130 obradas. Por entonces desapareció el prado de Arriba, a los pies de Santa Juliana.

A la depredación francesa y del gobierno segoviano hay que añadir la de los guerrilleros españoles. Los primeros que llegaron a Navalmanzano, quizás simples bandidos, se llevaron la cruz procesional, el incensario y la naveta, todos de plata. La partida del cura Merino recaló en Navalmanzano el 12 de marzo de 1811 y se llevó 5.000 reales bajo amenaza de matar a los regidores y al fiel de fechos. Un año después, los guerrilleros de D. Diego de la Fuente se llevarán 1.000 reales para comprar paño y uniformar la partida.

Con Fernando VII asistiremos al alzamiento liberal- militar de Riego (1820) al que se opusieron los absolutistas y la Santa Alianza con sus “Cien Mil Hijos de San Luis”. Para sostener el Trono y el Altar, para proteger la seguridad personal y de los caminos y para tranquilidad pública y general del Estado, se crearon las Milicias Nacionales, formadas por hombres de entre 18 y 50 años, reclutados del pueblo llano. Navalmanzano contribuyó con 150 hombres: 10 oficiales, 12 suboficiales y 128 de tropa. Sólo en 1826 aportamos 22 voluntarios, con 1721 reales de los 5.936 reales y 6 maravedíes que pagó su sexmo (32.284 reales y 15 maravedíes toda la Tierra de Cuéllar). Hubo problemas con los fusiles, los uniformes, la munición, las fornituras y las cajas de guerra y, por ello, se solicitará desde la villa comprar 200 fusiles con el producto de la roturación de tierras baldías y la corta de 5.000 pinos.

Al iniciarse el reinado de Isabel II (1837), se abole el régimen señorial y finaliza nuestro sometimiento al yugo de los Alburquerque. Cada pueblo tendrá ayuntamiento propio, autónomo, constitucional e independiente, no supeditado al de Cuellar. Será también el momento del declive de la Comunidad de Villa y Tierra, solo en pie por la posesión de unos bienes comunales.

A mediados de siglo la mejor descripción de Navalmanzano la encontramos en el “Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar” de D. Pascual Madoz (1849). Por él sabemos que la población ascendía a 1.207 almas, que había 250 casas de inferior construcción y de un solo piso (…) casa de ayuntamiento, cárcel, escuela de instrucción primaria infantil común a ambos sexos a la que concurren 60 niños y 30 niñas (…) una fuente de buenas aguas (…) y el cementerio está en paraje que no ofende a la salud pública. Producía trigo, cebada, centeno, algarrobas, garbanzos y patatas, ganado lanar y vacuno y alguna caza menor. La única industria detectable se circunscribía a la agrícola y al carboneo.

La garra desamortizadora cayó también sobre Navalmanzano a fines de esta centuria. Los bienes de manos muertas (Ayuntamiento, Iglesia, sus Cofradías, Cabildo y Conventos de Cuéllar, catedral de Segovia,…) pasaron a propiedad particular. Casas y solares, tierras y pinares engrosaron las posesiones de Eduardo Baeza, Frutos González Salamanca, Ramón Azcano, José Gómez, Valentín Sebastián, Apolinar Nieto, Juan Gilsanz de Frutos, Pedro Fernández Nieto,…

Con el siglo XX llegan adelantos y mejoras al pueblo que cambiarán modos de vida: la electricidad (1908), servicio de automóviles de línea (1914), el teléfono (1916),… También llegaron desgracias para algunas de sus familias: seis reservistas tuvieron que luchar en la guerra de Marruecos (1909), un incendio que afectó a varias viviendas (1912), pedrisco (1912) y heladas (1914) que afectaron a las cuatro quintas partes de las cosechas, epidemia contagiosa (1915) y “peste” (1918).

La alcaldía de Calvín (1923-1929) supuso el momento de definición de posturas políticas personales. El pueblo se dividirá en dos bandos irreconciliables, partidarios o no de su alcalde, hasta la guerra civil. Sus seguidores, englobados en su Somatén, serán encasillados en el bando de izquierdas. Sus detractores, abanderados en la sombra por las familias de la oligarquía municipal, pondrán todas las dificultades posibles en su mandato, reflejadas en las actas de sesiones del ayuntamiento de entonces.

Cuando se produce el Alzamiento militar del 36, había un único concejal socialista. No es de extrañar que, desde el comienzo de aquella contienda, el bando de los sublevados encontrara un fiel aliado en nuestro Ayuntamiento: donativos a las fuerzas del Movimiento Nacional, homenaje a militares como el general Varela, auxilio a pueblos del frente segoviano, ayuda económica a las mujeres de los movilizados, rotulación de calles con nombres de militares o políticos del bando nacional,…

Hubo nueve prófugos que no acudieron a filas por motivos geográficos, políticos o, simplemente, por miedo a la guerra. De lo que sí se libró Navalmanzano, al contrario de lo que ocurrió en otros lugares de España, fue de represalias o de venganzas personales cruentas. Miembros de esas familias, con influencia en el bando nacional, jugaron aquí un papel primordial defendiendo, ante partidas de falangistas, la ideología fuera de toda sospecha de los navalmanzanenses. Evitaron, así, los “paseos” y fusilamientos que hubo en otros pueblos vecinos. Lo único reseñable, en este sentido ideológico, fue la destitución de su cargo del vigilante del arbitrio porque “…había demostrado simpatía por las doctrinas de tipo marxista…”

Nuestra situación geográfica nos mantuvo alejados del frente, pero la crudeza de la guerra, no obstante, salpicaría a Navalmanzano. La vida de 9 de sus hijos quedó segada por la defensa de la España que ellos querían o les obligaban a querer. En retaguardia, se toman medidas excepcionales: requisaron el oro, la plata y los cereales, se instaló un puesto de vigilancia en la torre para el control de aviones, se recomendó a los vecinos no almacenar más de cuatro carros de mies en la era para evitar incendios de “…elementos enemigos de nuestra Patria…” , se instaló un taller para confeccionar camisas, calcetines o bolsas de pólvora para los soldados, se creó un comedor de “Auxilio Social”, se cobró el “plato único” por los de Falange,…

La autarquía económica posterior fue menos dura en Navalmanzano que en otras zonas, sobre todo urbanas, de España. Aunque la escasez de todo era patente, la cercanía de huertos y ganados hizo más llevadera esta complicada etapa de nuestra historia. De todos modos, hubo requisamientos de productos agrícolas y ganaderos que, desde el Ayuntamiento, se trataban de mitigar.

En esos momentos difíciles, la población sigue aumentando hasta 1955, cuando se llega a nuestra cifra más alta: 1.692 habitantes de hecho y 1.774 de derecho. Al llegar 1960, el aspecto general del pueblo sería como apuntaba el “Diccionario Geográfico del Movimiento”:

(…) AGRICULTURA:“…Las parcelas, de una extensión media de 0’30 Ha., son de forma rectangular. Hay 5 Ha. de terreno de regadío, que se riegan con agua de pozos, elevada mediante motores y norias. Se destinan 4 Ha. a remolacha azucarera y una a trigo. Los índices de producción por Ha. son: remolacha azucarera, 120 Qm y trigo, 20. El precio de una Ha. de esta clase de terreno es de 25.000 pts. En secano se dedican 560 Ha. a trigo, 44 a centeno, 250 a cebada, 216 a algarrobas y 120 a patatas. Los índices de producción por Ha. son: trigo, 10 Qm; centeno, 5; cebada, 10; algarrobas, 7; y patatas, 40. Estas tierras se siembran cada tres años, alternando los productos, para lo cual se ponen de acuerdo los labradores. El precio de una Ha. de tierra no regada es de 15.000 pts. El viñedo ocupa 158 Ha.; cada Ha. tiene 1.000 cepas, produce 6,50 Qm y su precio es de 10.000 pts. Se destinan 97 Ha. a prado; se aprovecha a diente. Las labores agrícolas se realizan con ganado vacuno y mular.

GANADERÍA: 120 cabezas de ganado mular, 30 de caballar, 430 de vacuno, 850 de cerda, 3.600 de lanar, 14 de cabrío, 15.000 gallinas y 800 conejos. Hay 8 granjas avícolas.

(…)INDUSTRIA: Una fábrica de hielo, una de gaseosa, una de elaboración de resinas, una serrería, un molino de piensos, cuatro tahonas, tres herrerías, dos carpinterías y un taller de reparación de máquinas agrícolas.

COMERCIO: Doce tiendas de ultramarinos, 4 de tejidos, 4 pescaderías, 5 carnicerías, dos mercerías, tres bares y 11 tabernas. Se celebra feria del 25 al 28 de abril, y mercado el último domingo de cada mes.

COMUNICACIONES: (…) Servicio de coches de línea con la capital, la cabeza de partido y Turégano y Valladolid. Cuatro camiones, siete automóviles, 13 motocicletas, 283 carros y 114 bicicletas. Agencia postal y central telefónica.

(…)EL PUEBLO: Está formado por 399 edificios destinados a vivienda, 141 a otros usos, y dos cuevas, en compacto.

(…)ESPECTÁCULOS: Un casino, un cine y un salón de baile.

Mejoras observadas desde 1940:

  • Construcción de un centro rural de higiene con vivienda para el médico, una escuela, dos nuevos pabellones para la casa cuartel de la Guardia Civil, un pozo artesiano con fuente y un lavadero público.
  • Alojamiento: dos fondas.
  • Enseñanza: Dos escuelas de niños, dos de niñas y una de párvulos.
  • Sanidad: Médico, comadrona, veterinario y farmacia.
  • Asistencia religiosa: un párroco.”

Pero el campo y el pinar no puede alimentar a tanta gente. Eso, las malas cosechas de 1960 a 1963 y la introducción de maquinaria más moderna para las tierras de labor (segadoras, aventadoras, tractor,…), o la ruina del mundo del pino por la bajada de precios de la resina y sus derivados, llevará a muchos navalmanzanenses a la emigración. Su destino, Madrid, el País Vasco y los trabajos temporales en Francia.

Los años siguientes inician grandes proyectos con altos costes: abastecimiento de aguas, alcantarillado, pavimentación de calles, alumbrado público,… que obligarán al Ayuntamiento a vender parcelas de propios o arena de los Blancares.

Y, mientras, la transición democrática empapa la política municipal. La madurez del pueblo se observa en cada uno de los comicios. En las urnas se decantan claramente las tendencias conservadoras de la población y las preferencias por las personas que se piensa que dirigirán más acertadamente la política local, independientemente del partido por el que se presentan.

El futuro de Navalmanzano es incierto. Si, por un lado, crece la pujanza del sector hortofrutícola, por otro, no se acompaña de una industria conservera o de exportación adecuado. Si los modernos cebaderos de cerdos ofrecen una alta producción de carne, nadie se decide a instalar industrias chacineras o secaderos de jamones. Sin embargo, aunque no se crean esos trabajos necesarios y, además, desaparecen los servicios que antes disfrutaba el pueblo o que ahora se consideran básicos (centro de guardias médicas, pediatra, veterinario,…), no por eso los jóvenes se van a vivir a los municipios cercanos, sino que se quedan aquí y acaban construyendo su casa en alguna parcela familiar. Quizás, en el fondo, y sin saber explicar por qué, subyace el amor a un pueblo que ha forjado nuestra forma de entender la vida.

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