Camino del Calvario

© Juan José Gilsanz Otero

 

Por un camino de cruces,
en una meseta llana,
la “Blanca Nave” reluce
y a tu ermita nos conduces,
Cristo de Santa Juliana.
(Versos de Domingo Tardón)

 

Salimos del pueblo por la calle del Santísimo Cristo de Santa Juliana. La maleza, que crece junto a la tapia del viejo cementerio, no oculta un pináculo rematado en una bola sobre el osario. A ambos lados de la puerta, unas inscripciones epigráficas en latín y en castellano se leen a duras penas:

UT NON CONTRISTEM NI SICUT ET COETERO
QUI SPEM NON HABENTIA DE …

OH MUERTE, A TODOS TÚ SEGURA ALCANZAS
PERO A LOS QUE CONSUELA LA ESPERANZA

QUEREMOS CADÁVERES Y HUESOS DESCARNADOS
VOLVERÁN A VIVIR RESUCITADOS.

VISI SUI IT …MORI SAP 3º

NO ESTÁ SIEMPRE EL CUERPO SEPULTADO
SÓLO POR ALGÚN TIEMPO EL ALMA LE HA DEJADO
A ELLA EN FIN REUNIDO A VOZ DE DIOS INMENSA
RECIBIRÁ ALGÚN DÍA CASTIGO O RECOMPENSA.

 

Pensando en las sentencias amenazadoras y, sin embargo, cargadas de esperanza de la piedra, miramos de soslayo por la verja de la puerta. Se dibujan en mi mente las imágenes de personas queridas o con las que compartí algún recuerdo de mi vida, según recorro con mi vista los lugares que ocupan.

Reiniciamos nuestro camino: hay demasiada quietud y un silencio exasperante en un Camposanto.

El depósito de cadáveres, obra del alcalde Calvín, y que, gracias a Dios, hace mucho que no se utiliza, es la última edificación antes de ver campo abierto. Sólo tenemos que andar unos metros para encontrarnos frente a un Vía Crucis precioso, hecho en piedra de Campaspero, y quizás sufragado por la Cofradía de la Veracruz para dar realce a las procesiones de Semana Santa.

 

La Cruz del Cristo

 

Cruz del Cristo

Cruz del Cristo

Marca el inicio del camino del Calvario, que lleva a Santa Juliana.

Arranca la cruz del Cristo de un pedestal con tres piezas: la primera, cúbica, está prácticamente enterrada y tapada por la hierba; la siguiente, también es un ortoedro de lado más pequeño; la tercera es casi cilíndrica, adornada con dos huesos cruzados en cada uno de los cuatro puntos cardinales, de clara connotación medieval, recordándonos la imprevisión del momento de la muerte.

La cruz, propiamente dicha, es de grandes dimensiones respecto del Cristo que soporta. Se inicia en un prisma cuadrado, donde figura la fecha en que fue esculpida: “1594” [1] y, rematadas las aristas convenientemente, adquiere pronto forma cilíndrica haciendo alusión al tránsito del mundo terreno al sobrenatural.

La figura de Cristo, en altorrelieve, es de tres clavos, con las rodillas ligeramente flexionadas. Sus grandes manos no guardan proporción con el resto de la figura. Aunque sus ojos, de rasgos orientales, estén cerrados, en su cara se puede vislumbrar un rictus de dolor.

Sobre su ladeada cabeza descansan la corona de espinas y el nimbo místico, de forma estrellada, como si de un beato medieval se tratara. Rematando la cruz, la bandita epigráfica “INRI”, en posición oblicua y descendente, nos recuerda que estamos en la tierra y que somos mortales.

Cruz del Cristo: detalle

Cruz del Cristo: detalle

 

Seguimos el camino con un pinar en el horizonte y, antes de dar diez pasos, nos encontramos sobre la calzada del Puentecanto. Es preciso bajar a una de las riberas del Malucas para contemplarlo en toda su simple belleza.

Es un puente de estilo neoclásico, aunque el afán de la gente por tener unas raíces históricas más profundas, ha venido confundiendo a los habitantes de Navalmanzano. Desde niño he oído hablar del “puente romano” y de la posible calzada que pasaría sobre él.

La verdad es que el sillarejo de granito y su único ojo, en arco de medio punto (de 2 metros de radio), haría pensar a muchos en su semejanza con el acueducto de Segovia [2]. El puente se remata con dos hiladas de bloques graníticos formando los pretiles que enmarcan la calzada, de 4,30 metros de anchura.

Puentecanto

Puentecanto

La primera noticia que se tiene de él es de cuando aún era proyecto. En un acuerdo de Concejo del día 25 de julio de 1792, los vecinos (en número de 126) y la Justicia del pueblo deciden vender unos terrenos, “… separados de los pedazos…” [3] de propios, para pagar una cantidad de dinero que se les exige desde la ciudad de Segovia por los “…Alcances de sobrantes…”.

Con el dinero de las ventas, aparte de satisfacer ese impuesto, se pensó en la “… mui precisa necesidad dehacer tres puentes consus pilares de Piedra consus Calzadas correspondientes una ala Puente que llaman deAceves, otra AlaViguilla, y otra ala puente deCanto porRazon delas muchas Aguas que en años copiosos acaezen…”.

Como, para vender cualquier terreno de propios, había que pedir autorización a Intendencia de Segovia, se da “…podery facultad adichas Justicias…” para que hicieran el recurso correspondiente. La respuesta de Intendencia debió ser favorable y, poco después se levantarían los tres puentes.

El refuerzo que hay adosado, en el meandro del arroyo por donde le entran las aguas, es una pared de mampostería, de 1801, que impide que las aguas vayan invadiendo la orilla “…pues la devilidad del terreno no resiste el impetu conque confrecuencia sacuden las avenidas ensus inmediaciones …”. Unas líneas más abajo del acta de la sesión de concejo se refiere la necesidad de continuar el refuerzo que se había iniciado unos años atrás.

El estado de conservación había sido casi perfecto hasta los años 80 del siglo XX, en que una cosechadora arrancó su pretil izquierdo. [4]

La restauración que se hizo fue de lo más práctica y de lo menos artística, ya que se utilizó cemento para unir los sillares y faltó muy poco para enfoscarlos.

Cuando se derruyó el puente de Santa Juliana, donde brotaba la Fuente Santera, el tráfico de vehículos pesados se desvió por éste, que corrió y, aún corre, el peligro del anterior, puesto que pasan camiones, hacia La Potra, de gran tonelaje. Habría que buscar una alternativa a ese tráfico rodado respetando uno de los símbolos más queridos de nuestro pueblo.

Era este paraje del Puentecanto un lugar frecuentado por las mozas de los barrios más cercanos, con sus cestos de ropa sucia o de cacharros para lavar, cesto que colocaban como trampa para pescar algunos peces entre chascarrillos y risas.

Desde el Puentecanto nos dirigimos a la ermita de Santa Juliana en un recorrido en zig-zag perpendicular, paralelo y otra vez perpendicular al arroyo-río Malucas. Las cruces que lo custodiaban fueron contemporáneas de la del Cristo, aunque se sabe que algunas son más modernas ya que fueron restauradas o reemplazadas en 1734. [5]

Al otro lado del Puentecanto encontramos la siguiente cruz. La forma y dimensiones de ésta serán muy parecidas a las de las cruces intermedias que encontraremos desde la 4ª hasta la 12ª, ambas inclusive. Todas ellas descansan sobre una peana casi cúbica y, arrancando de un ortoedro cuadrangular, se convertirán, transformando sus aristas, en prismas octogonales: es el camino intermedio entre lo terreno y lo celestial, modelo que tomará el chapitel de la torre.

Creo que esta 2ª cruz ha modificado su primitiva ubicación: la simbología del “camino de perfección” sería más comprensible si la 3ª cruz, de forma de prisma ortogonal cuadrangular ocupara el inicio del Calvario, las de sección octogonal fueran las intermedias y la última, como realmente es, fuera de sección cilíndrica (cuadrado-octógono-círculo).

Las dimensiones de estas cruces de sección octogonal están próximas a 175 cms. de altura, 65 cms. de brazos y 23 cms. de diámetro. No obstante, la 9ª, la 10ª y la 12ª están reparadas por algún desperfecto que sufrieran a lo largo del tiempo y sus alturas son menores.

 

Las tres cruces: cuadrado-octógono-círculo

Cruz de sección cuadrada

Cruz de sección cuadrada

 

Cruz de sección octogonal

Cruz de sección octogonal

 

Cruz de sección circular

Cruz de sección circular

 

La tercera cruz indica la desviación del camino hacia la derecha, casi en ángulo recto. Es diferente a todas por sus dimensiones, forma e inscripciones. Mide 210 cms. de alta, 84 cms. de brazos y su perfil, como ya queda dicho, es de prisma recto de 23×14 cms.

En los tres brazos cortos pueden leerse unas siglas incisas: en el brazo perpendicular al suelo, JHS, y en los horizontales, Mª y JHP. Es como si quisiera avisarnos que, para seguir ese camino de perfeccionamiento hasta alcanzar la Salvación (Iesus Hominus Salvator), hay que seguir el ejemplo que nos marcaron en la Tierra Mª (María) y Jesucristo (Iesus Hominus Passio).

 

La peana ortoédrica sirve también de soporte a una inscripción epigráfica:

Texto: Transcripción:
ADV D GAV A DEVOCIÓN DE GABRIEL
MAº Y ANTNA MAYO Y ANTONIA
ALVAREZ ALVAREZ[6]

 

El camino del Calvario ha ido dejando sus cruces a la izquierda del caminante hasta la 8ª. Desde ésta, y hasta la 11ª, quedarán al otro lado. Hay un pequeño refuerzo de piedra que parece aguantar este último tramo del camino que corre paralelo al Malucas. Es un murete de contención construido para soportar los viejos desbordamientos del arroyo que quiso ser río.

Precisamente en esta última cruz se da otro giro de 90º hacia la izquierda para iniciar el ascenso de la cuesta que conduce a la ermita. También en su peana puede leerse, con cierta dificultad, otra inscripción:

Texto: Transcripción:
AD EY )P A DEVOCIÓN (?)
ALVº SA` Y Mª ALVARO SANZ Y MARIA
D P DE PABLOS

 

Creo que ambas advocaciones reflejarían el que esas cruces fueron costeadas por unas personas, matrimonios en los dos casos, que tendrían hecha una promesa al Bendito Cristo de Santa Juliana.

La cruz que ocupa el 14º lugar, un poco más baja, tiene a sus lados las dos cruces, más pequeñas, que corresponderían a las de los ladrones del Evangelio. La 15ª es la más alta, 215 cms. Desde aquí, la ascensión se hace algo más dificultosa, tanto que la mirada se concentra más en los neonatos árboles de la loma que en el destino final, que se observa sólo de vez en cuando.

El camino muere dejando su última cruz a los pies de la ermita. De forma cilíndrica (haciendo alusión a la perfección celestial) y dimensiones semejantes a las de la cruz del Cristo, sólo tiene esculpida, y coronándola en posición oblicua y ascendente, la repetida banda epigráfica INRI (por ese camino de lucha, de imitación del sufrimiento de Jesús, llegaremos al cielo). En su alto pedestal no figura ninguna inscripción.

Por todo el camino hemos venido observando algo muy curioso en las retamas que nacen en sus bordes: sus ramas presentan infinidad de nudos. La explicación está en las “rezanderas”, mujeres que se dicen con poderes para curar ciertas enfermedades, o hacer desaparecer clavos, verrugas,… El secreto con el que llevan sus rezos e invocaciones, mientras anudan esas ramas, no me permite dar más detalles.

También en la misma cuesta se crían unas hierbas casi milagrosas para curar algunas dolencias. Colocadas debajo de la almohada mientras se duerme, o llevándolas mucho tiempo encima, en el bolsillo o en una bolsita, se consiguen unos efectos asombrosos…

Sin apenas darnos cuenta hemos llegado a Santa Juliana. La vista que se nos ofrece desde lo más alto del cerro es de lo más relajante.

La devoción popular al Bendito Cristo de Santa Juliana, las procesiones de Semana Santa o de la Cruz de Mayo, la algarabía de los vendimiadores de otro tiempo, los paseos de quienes gustamos contemplar desde la ermita una de nuestras inigualables puestas de Sol,… han dejado sus huellas en este entrañable camino.

 

La Ermita de Santa Juliana

No se puede empezar un comentario sobre esta ermita sin hacer referencia a su emplazamiento. Santa Juliana se encuentra uno de los puntos más altos de nuestro término municipal. Al pisar su altura, y conociendo un poco nuestra historia y leyendas, se siente una sensación de paz inexplicable.

Desde la prehistoria, hubo en sus inmediaciones asentamientos humanos: poblados del bronce final, construcciones bajo imperiales romanas, quizás visigodos, primeros cristianos repobladores,.. que probablemente eligieran este lugar como el más idóneo para sus ritos mágico-religiosos o funerarios.[7]

Por otro lado, la panorámica que se contempla de la campiña y alrededores, la vega del Malucas, el caserío del pueblo y los pinares, con la sierra al fondo, San Cebrián,… tienen desde aquí una sugestiva belleza.

Ermita de Santa Juliana

Ermita de Santa Juliana

El origen cristiano de la construcción hay que buscarlo en los tiempos de Repoblación de la Extremadura castellana.

Como islotes, se fueron diseminando estos templos-prioratos que actuarían como núcleos directores de la repoblación. Por la hagiografía, podría pensarse en repobladores cántabros que, desde Santillana del Mar, dejaron testimonio de su paso en las provincias de Palencia, Zamora, Valladolid y Segovia, en un camino obligado, y empleado anteriormente por otros pueblos, hacia el interior.

La toponimia atestigua poblaciones con el nombre de Santa Juliana en Santander (Santillana del Mar) y en Palencia (Santillana de Campos). Igual podría decirse de San Cebrián, la otra ermita vecina de Santa Juliana. De toda España, este santo sólo da nombre a poblaciones de Palencia (San Cebrián de Muda y San Cebrián de Buenamadre), de Zamora (San Cebrián de Castro) o de Valladolid (San Cebrián de Mazote).

Desde allí la devoción a estos santos alcanzaría nuestra comarca. Seguramente, la actual carretera CL-601 discurra sobre rutas muy anteriores que también sirvieron como vía de penetración a los repobladores cántabros o palentinos.

Sobre la ermita de Santa Juliana, cuentan los mayores una curiosa leyenda de los frailes que la custodiaban. Disfrutaban estos religiosos de amplias posesiones de tierras de pan llevar, huertas y, sobre todo, viñas. Esos frailes tendrían sus bodegas, y quién sabe si sus riquezas, en una cueva bajo la cuesta que corona la ermita.

Para entrar a ese recinto de buen vino y grandes tesoros habría un pasadizo oculto tras el retablo del altar mayor, o a los pies del mismo, o bajo una retama de la loma, o…

Aquellos frailes, asegura la leyenda sin dar más detalles, “anochecieron y no amanecieron”, llevándose las riquezas que pudieron transportar, y hasta la campana de la espadaña de su ermita [8].

Se ha excavado en repetidas ocasiones en la cuesta de Santa Juliana, con la esperanza de encontrar la entrada de la cueva de que habla la leyenda. Pero lo único que se ha encontrado hasta la fecha han sido los huesos de los sepultados dentro de la ermita y de los que yacían en el cementerio ubicado en el exterior, un cimiento de alguna edificación y los restos de una peguera muy antigua. El misterio continúa…

Santa Juliana es una ermita aneja a la iglesia parroquial. Cada vez que ha sido necesaria una reparación, reforma o ampliación, y eso ha ocurrido con mucha frecuencia desde que se tienen datos (por ejemplo, en los siglos XVII y XVIII, uno de cada tres años de media), los devotos de Navalmanzano han contribuido a sufragar los gastos.

El edificio tiene dos espacios claramente diferenciados. El más grande corresponde a una ampliación de la primera mitad del siglo XX [9], sobre el espacio que ocupó la nave de la antigua construcción. Muy funcional y sin respetar para nada formas artísticas anteriores, poco tiene que ver con la parte más antigua, la cabecera, hoy devuelta en lo posible a su belleza medieval.

Esa parte más moderna da luz, con sus dos ventanales, y posibilita, con su amplitud, que un mayor número de feligreses asista a los actos religiosos que allí tienen lugar. La inclinación de la cuesta sobre la que se asienta, obligó a adosar, más tarde, dos contrafuertes al sur. Las goteras han obligado a cambiar la adintelada techumbre recientemente.

En el Archivo Parroquial, y corroborado por los trabajos de restauración de 1995 [10], se comprueba la existencia, en ese mismo lugar que hoy ocupa la ampliación, de un espacio de tres naves, más estrechas las de los lados. Las bases de los pilares que sustentaban la techumbre se encontraban a cinco metros de distancia unos de otros, a lo largo, y a unos dos metros a lo ancho. Al solano se abría un pórtico [11].

El suelo de naves y pórtico era de baldosa de barro rojo. Es de suponer que los elementos de sustentación y adorno eran arcos de ladrillo al estilo de los que se han restaurado recientemente en la iglesia de San Juan de Aguilafuente.

Da la impresión de que, al hundirse la nave en el siglo XIX, la cabecera cerró su arco triunfal y la ermita se redujo a ese espacio. La nueva fachada que quedó aprovecharía la antigua puerta de acceso al templo, un arco de medio punto de dovelas de piedra caliza. Sus principales adornos serían una ventana de ladrillo, alargada y estrecha, parecida a la que aún se puede ver en San Cebrián, y una verdugada de ladrillos a media altura, que rompen la monotonía de la pared encalada.

El arco triunfal ligeramente apuntado, que separa la nave de la cabecera, sobresale al exterior, y en el lado sur (al lado norte desapareció en la reforma de 1950), con apariencia de contrafuerte añadido al templo. Rematando ese arco triunfal, se recorta una espadaña, al igual que en otras ermitas mudéjares de la zona (Santa Águeda, San Mamés,…), también de ladrillo y en arco de medio punto, de un solo ojo.

La cabecera tiene aún el encanto de su sencillez original. De planta cuadrada [12], es de mayores proporciones que la de la mayoría de las ermitas similares de la zona. Su estilo mudéjar lo delata la fábrica de calicanto enlucido y el empleo del ladrillo en esquinas, arcos y aleros. Ese alero luce “…un friso de esquinillas por debajo de la cornisa, en el lado sur, y otro, en que alternan éstas y los ladrillos aparejados por la cara corta, en el norte…” [13].

En el interior, el gran arco triunfal doblado, marca el tránsito de una parte a otra del edificio. Los arcos de ladrillo serán los elementos constructivos y decorativos de toda la obra antigua:

Las paredes laterales de la construcción primitiva tienen, cada una, dos arcos ciegos de medio punto, con doble función tectónica y decorativa.

Ermita de Santa Juliana. Detalle del interior.

Ermita de Santa Juliana. Detalle del interior.

 

 

Se sujeta la cubierta, a dos aguas, abovedando la techumbre y reforzándola con tres arcos fajones, de ojiva no muy pronunciada.

El retablo barroco, de un cuerpo con dos pisos y tres calles, se encuentra enmarcado por el arco fajón adosado a la pared oriental. Perteneció a la iglesia parroquial [14].

Eso explica que los Santos Niños presidan, desde lo más alto de la calle central, su composición iconográfica. Esta circunstancia me plantea la duda sobre si la ventana que hubo detrás de ese retablo se construyó a la vez que la ermita o se abrió más tarde, para dar luz al transparente de San Justo y Pastor.

Sea como fuere, hubo de cerrarse por el peligro de que se abriera la pared.

Retablo barroco de Santa Juliana

Retablo barroco de Santa Juliana

De la predela arrancan cuatro columnas salomónicas en las que se enroscan racimos y hojas de vid. Sostenidos por ménsulas con cabezas de angelitos, se encuentran tres imágenes: La Virgen con el Niño, en la primera; Santa Juliana, en la tercera; y el lugar central lo ocupa la imagen cargada de barroquismo del Bendito Cristo, guía del fervor religioso de Navalmanzano.

De todas ellas, la de mayor antigüedad e interés artístico es la Virgen sedente con el niño. Muestra características del románico, tales como el hieratismo y la frontalidad, y anuncia el gótico porque denota cierta intención de movimiento, porque en la cara de ambos hay una mueca de sonrisa cómplice y una relación más entre ambos personajes: la única mano que le queda a la madre sujeta con ternura la rodilla del niño y éste sostiene con la mano izquierda el “Libro de la Vida” [15], mientras parece bendecirnos con la derecha.

Es una composición muy repetida en la Edad Media, de influencia bizantina, y que entraría dentro del grupo que se ha dado en llamar “Virgen Theotokos” [16].

Imagen gótica de la Virgen con el Niño

Imagen gótica de la Virgen con el Niño

 

 

El Bendito Cristo de Santa Juliana es una imagen barroca y efectista. Se sujeta en una cruz, que arranca de una semiesfera, donde el INRI apenas encuentra palo para sostenerse.

Es un Cristo de tres clavos con las piernas prácticamente estiradas y un paño de pureza que recuerda la técnica escultórica de paños mojados. La mirada hacia el suelo y la boca entreabierta están anunciando el inminente momento de la muerte.

Sus heridas, quizás con unas manchas de sangre exageradas, palidecen ante su larguísima melena. Es este detalle el que más llama la atención de la talla. Y esto es así porque existe la tradición, en Navalmanzano, de que las muchachas se enorgullecen cuando se cortan sus trenzas, y después luce su pelo el Bendito Cristo de Santa Juliana.

Cristo de Santa Juliana

Cristo de Santa Juliana

 

 

La santa titular de la ermita nos mira desde la parte derecha del retablo con un libro abierto en sus manos, como única alusión iconográfica.

Esas tres imágenes se encuentran en hornacinas rematadas en arcos de medio punto. Destaca la central, la del Cristo, por sus mayores dimensiones y porque, en sus impostas, aparecen dos querubines volando para contribuir, con las columnas salomónicas y con la decoración vegetal de las dos calles exteriores del segundo piso, a cierta sensación de movimiento, de inestabilidad barroca.

La puesta de Sol sobre la ermita, una tabla de 1996 donada por el pintor Amadeo Olmos, tapa una deteriorada pintura de la Jerusalén Celeste anterior, del siglo XVIII, que hacía de fondo para aquella hornacina central del Cristo de Santa Juliana.

A este Cristo, Navalmanzano le ha rezado, le ha escrito poemas, le ha cantado y le ha pedido lluvia para sus sembrados [17].

Una talla barroca de la Virgen del Carmen flanquea el lado izquierdo del retablo. Sus brazos abiertos y sus ojos de cristal, llenos de sufrimiento, parecen suplicar por las almas que penan en el infierno y le reclaman auxilio, a sus pies.

La vuelta hacia el pueblo ha perdido parte del encanto que tuvo. A los pies de la cuesta, ya no mana la “fuente Santera” ni está el viejo puente de Santa Juliana, el que sostenía, en bandolera, el camino de San Cebrián.

Clama al cielo la dejadez de Navalmanzano ante el deterioro de su patrimonio artístico y cómo a este encantador puente se le vio morir bajo la indiferente mirada de todos. Permitir el tráfico de vehículos muy pesados sobre él fue el comienzo de su ruina. Las avenidas del invierno de 1997 hicieron el resto. Hoy es un montón de piedras informe que deberían recuperarse.

 

Puente de Santa Juliana, desaparecido en 1997

Puente de Santa Juliana, desaparecido en 1997

 

 

Era un puente adintelado del que no se conoce la fecha de construcción, probablemente anterior al siglo XVIII [18].

Seis de sus ocho ojos presentaban sillares redondeados de piedra caliza en sus pilares, sin tajamar. Su interior era de mampostería, dejando a la vista sólo la piedra labrada. Los bloques de piedra que le servían de dintel aparecían en dos filas: la superior sobresalía unos centímetros de la inferior. Para indicar la anchura de su lanza se valía de cuatro pivotes troncocónicos truncados.

Los dos ojos más bajos, por el desnivel del terreno, estaban construidos con lajas de piedra de la zona. Seguramente correspondían a una ampliación posterior, para evitar que las avenidas de las aguas rebasaran el puente y anegaran las tierras circundantes.

Sigamos hacia el pueblo, pero dejando el camino. Desviemos nuestros pasos por las eras. Allí, de niños, cogíamos “ajos de cigüeña” para notar el pegamento de su savia, jugábamos o trillábamos entre las hacinas y parvas, que vestían de montañas amarillas lo que antes fue planicie verde, o cazábamos “zamarriegas”, una especie de escarabajo volador,…

Ante las primeras edificaciones del pueblo, reclaman nuestra atención, quizás como pidiéndonos que los rescatemos, los restos de un pasado no tan lejano: en una cantera, la pesada piedra de un lagar; junto a una cárcel de leña, un carro de llanta desvencijado; algo más allá, una herrumbrosa aventadora de “La Extraordinaria”;…

El viejo transformador de luz, una pequeña “torreta neomudéjar”, nos sale al encuentro y nos da la bienvenida a Navalmanzano.

 

 

 

 

Notas

[1]
Es similar a las que hay en Gomezserracín y en Olombrada y casi idéntica a la de Campaspero, en la que figura una inscripción: “Púsola Alonso Arnanz a su costa en el año 1599”. Muy probablemente las hizo el mismo cantero-escultor.

[2]
Como la toponimia “Puente de Canto” es anterior a esta última construcción, bien pudiera pensarse que el erosionado sillarejo de granito que lo forma procediera de un puente romano anterior. No olvidemos que, en sus inmediaciones, hay varios yacimientos del mundo romano bajoimperial.

Inocente Muñoz, en uno de sus poemas, habla de “…Navalmanzano de historia / te pareces a Segovia / con ambos puentes romanos /que parecen novio y novia / aún estando separados…”
INO: “Quiero… que hagas poesía”. Pág. 103. Edit. Luis F. Pareja. Madrid, 1981

[3]
Esta y otras citas que seguirán sin nota a pie de página pertenecen al Libro de Concejo (1745-1814). Archivo Parroquial de Navalmanzano.

[4]
Ya hubo un “arreglo” de piedra y cemento aprobado en S.O. de 23 de julio de 1968. Libro de Sesiones. Archivo Municipal de Navalmanzano.

[5]
Ese año la iglesia parroquial invierte 8 reales en su restauración (¿o quizás ayudara con eso a pagar a la Cofradía de la Veracruz?). Libro de Fábrica de la iglesia. Año 1734. Archivo Parroquial de Navalmanzano.

[6]
Gabriel Mayo, un hacendado carretero y aperador, fallece en junio de 1772 y su segunda esposa, Antonia Álvarez, lo hará un año después. El testamento de la mujer está repleto de mandas religiosas y donaciones de tierras a la Cofradía de San Andrés, San Fabián y San Sebastián. Libro de Difuntos. Año 1773, julio. Fol 204 vto. Archivo Parroquial de Navalmanzano.

[7]
Además de los lógicos enterramientos cristianos (constatados por documentos e incontroladas excavaciones), el lugar que ahora ocupa el templo bien pudiera haber servido de necrópolis de los pueblos más primitivos que se asentaron en la zona, como ocurre en otras muchas ermitas españolas.

[8]
Revista “El Palenque” de la A.D.C. PUENTECANTO. Nº 7. Pág. 11: En un poema lleno de ascetismo sobre el Cristo de Santa Juliana, Domingo Tardón resume esta leyenda:
“…Hace años la ocuparon
unos frailes andariegos,
la cripta no se llevaron,
nadie sabe dónde fueron,
los rezos se suspendieron
y a mi Cristo abandonaron.
En la huída derrumbaron
la entrada que tanto usaron:
la cueva quedó cerrada.
¡Misterios de los humanos!
Mientras todo se descubre
espera Navalmanzano…”

[9]
La ampliación a que me refiero se inauguró el día de la Cruz de mayo de 1950.

[10]
Ese año, en la cabecera, se descubren los ladrillos de los arcos y se pica la anterior pintura (de bandas perpendiculares, en una pared, y de “brochazos”, en la otra). Aparece, entonces, la fecha de una reforma (1892). La nave cambia su tejado, se enfoscan y alzan sus paredes, se embaldosa el suelo y se restaura la fachada.

[11]
Los datos que se tienen de ese pórtico se fechan en los siglos XVI, XVII y XVIII. Debió hundirse, junto con la nave, en la primera mitad del siglo XIX. A comienzos del siglo XX, quedaba en pie un retazo del paredón del cierzo de esa nave.

En el Libro de Difuntos del año 1599 se habla de un matrimonio, muertos por la peste de ese año, que “…estan marido ymuger enterrados en elportal de Santajuliana enun mismo sepulchro…”.

En los Libros de Fábrica de la iglesia (A.P.N.):
Año 1643: Se gastan 117 reales “…enadereçar el soportal queestaba caido y tejar todo el cuerpo dela hermita…”.
Año 1658: Se hace una buena reparación y, entre otras cifras, se gastaron 78 reales en “…atrostejar elsoportal…”.
Año 1714: Se colocan “…Zinco Redezillas de alambre paralas ventanillas … y zerrar los bajeros de las paredes (del pórtico)…”.
Años 1749 y 1750: Se destinan 74 reales para comprar 650 tejas “…Para ElPortico…”.

[12]
Dos elementos me llevan a pensar que la construcción del viejo templo tuvo lugar a finales del siglo XIII o principios del XIV: en el mudéjar se cambió por entonces la cabecera absidal por la poligonal y los arcos tendieron a apuntarse, doblándose el triunfal, por esa época.

[13]
RUIZ HERNANDO, J. Antonio: “La arquitectura de ladrillo en la provincia de Segovia. Siglos XII y XIII”. Pág. 119. Imp. Hijos de C. Martín. Segovia, 1988.

[14]
Libro de Fábrica de la iglesia. Año 1765. Archivo Parroquial de Navalmanzano : “…asenttar El retablo antiguo Que havia enesttaYglesia Enla Ermitta de SanttaJuliana…”.

[15]
Ese libro guardaría el conocimiento de Dios relativo a los elegidos, y en él se encontrarían inscritos los predestinados a la gloria del Señor. Esta composición y la consabida devoción mariana de los monjes del Cister, ¿nos estarán hablando de la Orden religiosa a la que pertenecían los frailes de Santa Juliana?

[16]
”Trono de Dios”. Para el artista románico, la Virgen, más que la Madre, es el Trono del Salvador. Por eso, sus brazos se disponen en ángulo recto, simulando los brazales de un trono.
La mano que le falta a la Virgen, posiblemente portara una manzana, aludiendo a su papel de “Nueva Eva”.

[17]
Revista de la A.D.C. PUENTECANTO, “El Palenque”. Nº 1, págs. 21 y 23; nº 4, pág. 16; nº 7, pág. 11;…

[18]
La primera anotación de su nombre se encuentra en el Prot. 4.891, fol. 78, del año 1704, en el Archivo Histórico Provincial de Segovia. Ahora bien, al no tener datos descriptivos de él, no puede asegurarse que se trate del mismo puente derruido en 1997.

En los planos municipales del término, anteriores a la Concentración Parcelaria, figura como Puente Santera (hubo al lado una fuente con ese nombre).

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